
Domingo 25 de noviembre de 2007
Edición impresa | Espectáculos | Nota
20 años del Teatro La Luna
“Plasmamos lo que decimos de la diferencia”
Mónica Carbone y Graciela Albarenque llevan un año de festejos en su sala de Barrio Güemes. En 1987 abrieron una puerta que desde entonces recibe a público y vecinos.
Beatriz Molinari
De nuestra Redacción
bmolinari@lavozdelinterior.com.ar
En el cuento de Gabriel García Márquez, La prodigiosa tarde de Baltazar, un hombre hace una jaula mientras los chicos entran y salen de su patio, curioseando. El cuento, en versión teatral, marcó la apertura del teatro La Luna, en Barrio Güemes, en 1987. En la puesta participaron actores, actrices, vecinas y vecinos con sus gallinas y perros.
Ese patio, a lo largo de 20 años, se ha convertido en el emblemático espacio colectivo que Mónica Carbone y Graciela Albarenque imaginaron. Hoy, la comunidad de Güemes entra y sale, incorporada a las actividades de formación e intercambio, como los talleres y la biblioteca, anexada a la casa de Fructuoso Rivera y Pasaje Escuti.
"¡Chau Luna!", las saludan por el barrio. Cuando Mónica y Graciela llegaron, vieron que los vecinos sacaban las sillas a la vereda y pensaron que por ahí debían iniciar el camino de acercamiento. Pusieron en escena Siguiendo el hilo (versión de Romeo y Julieta) con los jóvenes, con trapecios en la calle. Recuerdan el placer que sintieron entonces; muchos de esos jóvenes se convirtieron después en profesionales del teatro.
"El festejo de los 20 años fue inclusivo. Festejamos abriendo; es decir, vinculándonos con otros grupos, asociaciones y personas. Dar espacio, dar espacio, es la consigna", dice Mónica. "Como si plasmáramos todo lo que venimos hablando de la diferencia y que mostrábamos en nuestro trabajo", señala Graciela. Esa síntesis adquirió la forma de fiesta, en las recordadas y multitudinarias Fiestas de San Juan, alrededor de la fogata. Después La Luna funcionó también en Cosquín.
Nadie queda afuera. También dicen estar muy felices con la relación entre pares, en las reuniones de aprendizaje y diversión (las del Círculo Escuti). Eso, para ellas no tiene precio. Este año llevaron adelante el ciclo Mutaciones, encuentro de performances; realizaron tareas que vinculan La Luna con las escuelas Carolina Mosca y Adolfo Saldías. Los chicos de la Saldías han realizado cortos de animación sobre los derechos del niño, que se verán el 6 de diciembre.
Mónica y Graciela fueron imponiéndose al contexto, por la acción. Hay en ese vínculo una constatación propia de las personas que miran más lejos, a largo plazo, concibiendo ideas y acciones en torno al trabajo colectivo. Eso es La Luna, la sala que cobijó ciclos como el del Bondi, colectivo de grupos jóvenes, y ofrece programación todo el año. Hubo noches en que la obra teatral estuvo acompañada por un plato de sopa, pan casero y vino.
"Festejamos mucho este año", dicen. Cuentan –y se entusiasman– que abren la puerta y se arma el café filosófico, coordinado por Fulvio Stanis, al que los chicos del barrio entran y escuchan. Toman un café o una gaseosa y hablan de la amistad, el regalo o la utopía. Ellas mismas se asombran de que ahora se vuelva a hablar de utopías. "Nos sostuvimos como pasadas de moda, nosotras que nunca quisimos estar de moda", comenta Graciela.
Casa-escuela-sala-biblioteca, La Luna es un todo al que se suma el programa de estimulación a la lectura y una comisión de salud que trabaja en diagnóstico barrial, con las madres y el Dispensario Municipal.
También anuncian los logros del grupo de jóvenes, Los Gusanos del Cyber. Los chicos han realizados acciones escénicas en las calles, esquinas y en los ómnibus. Ahora les toca entrar a la sala. Mientras tanto, la biblioteca Luna Abierta no da abasto; hubo que reorganizar los estantes y los chicos ayudan a clasificar junto a Celeste, una voluntaria que se acercó a dar una mano.
A Mónica y Graciela les gusta una frase de García Márquez: "’Hiciste una raya en el cielo’, decía, refiriéndose a una señal extraordinaria", recuerdan.



