En escena: Julio César Bazán
y Yohana Belén Mores
Asistente de dirección: Henry Mainardi
Dirección y Dramaturgia: Verónica Aguada
Bertea
Asesores: Cipriano Argüello Pitt y Carolina
Cismondi
Iluminación: Ana Sol Medrano
Composición Musical: Federico Ragessi
Audiovisual: Eliana Strasorier
y Luciana Pegoraro
Fotografía: Diego Murúa
Diseño Gráfico: Andrea Alfonso
Los cuerpos repiten una secuencia
incontable cantidad de veces. Se sientan, se paran; caminan, se detienen; se
acuestan, se incorporan; se inclinan, se enderezan; contienen y sueltan. Una y
otra vez. ¿Hay esperanzas de que ello cambie? Estos cuerpos parecen atados a
repetir la secuencia, metáfora de la vida cotidiana, de la rutina. Agotados
para seguirla, imposibilitados para salir de ella. La repetición genera
cansancio en los cuerpos, hastío, desasosiego, que nos lleva a preguntarnos
cuál es el sentido y la causa de tanta repetición.
crítica de Joaquín
Torres
“Oscilan. Los cuerpos oscilan,
apoyados quizá en algún sentimiento o resentimiento que no vemos, pero sabemos
que está. Como el olor. El olor a cebolla lo cubre todo. Las capas de la
cebolla lo cubren todo. ¿Qué se halla por debajo? ¿La verdad? ¿Se puede compartir
la verdad? Repetición. Rutina. Los personajes hacen catársis en detrimento del
otro. Cambian y repiten. Bailan pero están inmóviles. Hablan, aunque no hay nadie. Respiran,
aunque están muertos. Generan equívoco, generan contradicción, generan teatro.
Vivifican el espacio, lo llenan.
Pagan al espectador en cuotas, lo que lo hace más intrigante, sensual, mortal.
Cuando llega el último pago, decapitan almas. Dejan sordos los ojos y ciegos
los oídos. Sólo queda ese olor a cebolla. Desnudez. Es la desnudez que nos
excita y que no soportamos ver.
“Deshaucia” es una gran danza bailada
por dos robots que encima, odian bailar, aunque no les queda más remedio. La
danza con el otro sin el otro.”
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